
Para vender un producto y hacer con que esto sea un suceso, creo que tres puntos deben ser bastante estudiados: 1º: una vez que tengo la idea de lo que quiero hacer, cual es mi producto, debo saber para quien quiero venderlo. Conocer muy bien cual es mi mercado y estudiarlo para comprender sus gustos, preferencias y necesidades, por ejemplo; 2º: después de trazado el perfil de mi consumidor, debo diseñar mi producto para este mercado. Es decir, trabajar el marketing del producto, hacerle una marca, de acuerdo con mi demanda. Al trabajar esta marca debo pensar no solamente en el impacto visual que tendrá, sino intentar utilizar otros sentidos para que el consumidor, al acordarse del producto, acuérdese también de su olor, sus colores, su forma o la música creada para su comercial; 3º: ya cuando tenga mi producto y sepa mi mercado, debo invertir largamente en marketing. Poner el producto donde está el mercado. Y tenerlo siempre a disposición de los ojos de mi consumidor. Sea participando de ferias, utilizando carteles, anuncios en la media televisiva o en la Internet, a través de las redes sociales o exponiéndolo en sitios de interés de mi consumidor. Asociar el producto a líderes o formadores de opinión, llegar a esas personas enseñándolas porque deben tener mi producto, sean personalidades o la gente que influencia en determinado grupo, como aquellos que tengan en su Twitter muchos seguidores, por ejemplo. Así, además de tenerlo conocido, el producto tendrá credibilidad.
En el marketing que se haga, débese intentar atrapar la atención del consumidor, provocar su curiosidad, enseñándole el placer y la calidad que ofrece el producto a través de sensaciones que pueden venir transmitidas en escenas de nuestra rutina, como el frescor del agua en la cara, la emoción de los juegos en parques de diversiones, la libertad de caminar en un bosque lleno de árboles, la pasión exprimida en un beso, la seducción de una linda mujer ante su pretendiente o el misterio de viajar a un sito lleno de leyendas y repleto de historias. En cuanto al nivel de repetición, que sea lo suficiente para que el consumidor nunca se olvide que mi producto está a su disposición. Por eso el marketing es tan importante, pues nunca debemos dejar de promocionar el producto, mientras quiero que lo compren. Dentro de las campañas de marketing, puedo utilizar las promociones para hacer con que mi consumidor sea un participante activo del producto. Sea creando un concurso o invitándolo a reunir “x” embalajes para que se le regalen algo, haciendo promociones juntamente con otros productos complementares o regalándole muestras para que se lo pruebe. También, puedo utilizar el tema de la responsabilidad socio ambiental, invitando a mi consumidor a contribuir con su entorno, por ejemplo. Relativo a los precios, el producto debe tener el precio justo, de acuerdo con lo que se ofrece. Es decir, el consumidor no se importa de pagar, desde que no si sienta molestado con su valor. Él va a pagar por lo que consumirá. Además, mantener los precios fijados para que dónde esté mi cliente, sepa él que podrá seguir consumiendo el producto al mismo precio.
Todo eso ejecutado por una equipe de ventas que sepa cuales son los objetivos y metas trazados en el plan de ventas de mi producto, que sea una equipe motivada y dispuesta a venderlo bien y que agregue calidad al producto, a través de un perfecto trato con el consumidor, atención y disponibilidad en recibir sus sugerencias y quejas.